Leseprobe / Extracto "Ansichten und Einsichten / Piñones y Opiniones"

 

 

Deutsche Fassung/ Alemán:

Matrizen

 

Eines der Schlüsselworte der Wirtschaftlichkeit ist „Matrize“.

 

Anfänglich war die Matrize eine einem harten Material mühevoll gegebene Form, die man dann in einem weicheren schneller und müheloser und beliebig oft wiederholen konnte. Die erste Matrize dürfte das Siegel, besonders das Rollsiegel gewesen sein, danach diejenige, mit der man Münzen prägen konnte. (Die alten Gussformen waren keine Matrizen, weil sie jedes Mal beim Herausnehmen des Gusstückes zerstört wurden). Die dritte, kulturell besonders bedeutsame Matrize waren die beweglichen Buchdrucktypen, die vom jüdischen Siegelschneider Meir ben Jaffe (und nicht von Gutenberg, wie überall gelehrt wird; Gutenberg war lediglich Finanzier) in Süddeutschland entwickelt wurden.

 

Heute drückt die Matrize in tausend Formen und Arten unserem Dasein „ihren Stempel auf“. Sie  steht nicht nur hinter allen in großen oder kleinen Mengen hergestellten Industrieprodukten, sondern steckt als Wesen in jedem Computerprogramm, ja jedem Formular, jedem „persönlich“ scheinenden Brief, in dem der Computer nur die Anrede und Unterschrift für den Einzelfall ausgelassen hat. Ohne Matrizentechnik wäre unser heutiger Lebensstil, unser Lebensstandard einfach undenkbar.

 

Jede Mode - nicht nur die Kleidung - ist zu einem guten Teil Matrize.

 

Es gibt sogar Denkmatrizen, nützliche und schädliche.  Das Vorurteil ist eine der schädlichsten von ihnen. Sie formen das Denken und die Reaktionen der Massen, bis hinein in Kategorien wie Vaterland und Glauben...

 

Das Gegenstück zur Matrize ist bei Dingen die Einzelfertigung, das Handwerk, das Kunstwerk; und im Geistigen die selbst verarbeitete Erfahrung, die kritisch abgewogene eigene Meinung, die kohärent im Leben verwirklichte Wertewelt. Ihr Anteil macht den Wert der Persönlichkeit  aus,  „des höchsten Glücks der Erdenkinder“, wie Goethe sie im „West-Östlichen Diwan“ beschrieb.

 

Spanische Fassung/Español:

Matrices

 

Una de las palabras-llave de la economía es „matriz“.

 

Al principio la matriz era una forma dada con mucha labor a un material duro, la que después podía reproducirse ilimitadamente y de manera rápida y fácil en otro más blando.

 

La primera matriz fue probablemente el sello, particularmente el rotativo y, posteriormente, la que permitía acuñar monedas. (Los antiguos moldes de fundición no eran matrices porque se destruían al sacar la pieza, pues no se conocían las modernas coquillas.)

 

La tercera matriz, inmensamente importante desde todo punto de vista, fueron los tipos movibles que permitían imprimir textos, que hasta ese momento solo podían copiarse a mano. El inventor de los tipos movibles no era un tal Johannes Gutenberg, sino el encuadernador y grabador de sellos en cuarta o quinta generación Meir Yaffe, un judío italiano que trabajó en su especialidad en Alemania. Gutenberg, quien no poseía los variados antecedentes artesanales requeridos, fue en realidad solo uno de los financistas de la primera „editorial“. Que él haya sido el „inventor” fue una de las tantas patrañas que, por repetirse millones de veces, se convirtió en verdad (receta de Goebbels). El orgullo nacional de los alemanes no podía (entonces) permitirles admitir que un hijo del pueblo deicida, sin derechos de residencia, repetidas veces víctima de la confiscación de sus equipos y haberes, hubiese sido el inventor.1

 

Hoy en día la matriz „imprime su sello“ a nuestro diario vivir de mil maneras y formas. No solo está detrás de todo producto industrial fabricado en grandes o pequeñas series, sino todo programa. Desde luego, también el de la computación es en el fondo una matriz, así como lo es todo formulario, toda carta aparentemente „personal“ en la que la máquina deja solamente el nombre del destinatario y eventualmente la firma para cada caso individual. Sin la técnica de la matriz nuestro actual estilo y nivel de vida sería totalmente impensable.

 

Toda moda -no solo la del vestir- es en buena medida matriz, es decir, un modelo básico que fija los límites dentro de los que se toleran las variantes.

 

Hasta hay matrices del pensamiento, útiles y perjudiciales. Entre estas últimas una de las peores es el prejuicio. Las matrices del pensamiento moldean las opiniones y reacciones de las masas hasta categorías tales como „patria“ y „religión“.

 

La contraparte de la matriz en el ámbito de las cosas es la hechura individual, la artesanía, la obra de arte. En la esfera de lo espiritual lo es la experiencia personalmente elaborada, la ponderación crítica propia, el universo de valores individuales coherentemente vivido. Su parte en la actitud y la acción de cada persona constituye el valor de la personalidad, esta „suma de la felicidad de los terrenales“ como la llamó Goethe en su West-Östlicher Diwan [Diván Oeste-Este].

 

(1) Véase al respecto la documentación obtenida en años de investigación en bibliotecas y museos por Ursula Ephraim Katzenstein, publicada en su libro A origem do Livro (1986) Editorial Hucitec en convenio con el Instituto Nacional Do Livro, São Paulo cuya mitad de la tirada fue distribuida en las escuelas del Estado.

 

 

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